Las palabras de la Maestra Guadalupe Rameau a la primera generación de alumnos egresados

Cada cierre de año  escolar nos convoca a celebrar la alegría de la labor cumplida tanto de docentes como de alumnos y detrás de cada uno de ellos, no podemos olvidar a la familia que sin duda alguna, es parte de dicha tarea.

Éste, posee una particularidad para nuestro querido Colegio, pues hoy nos toca despedir a la primera generación de alumnos egresados de primaria en esta casa de estudios. ¡Vaya si resulta esto motivo de orgullo y festejo!

Leonardo, Josefina, Juan, Mia, Juan Aparicio y Amira han completado exitosamente su ciclo escolar y pasarán el próximo año a ser estudiantes de educación secundaria. Por eso mis queridos alumnos, quisiera especialmente dejarles algunas palabras a ustedes.

Sé que en este momento invaden sentimientos encontrados, por un lado la felicidad de la etapa cumplida, de la meta alcanzada, pero por el otro, la nostalgia por lo que queda atrás… Se siente nostalgia cuando se pierde algo, y créanme que lejos de perder, han ganado. Sí, a partir de hoy estoy segura que cada uno de ustedes posee grabado en su corazón un gran tesoro de momentos y vivencias que han cosechado durante estos seis años, algunos más lindos, otros no tanto, pero todos importantes, pues en cierto modo los han transformado en lo que hoy son. ¿Cómo van a olvidar ese tema que tanto les costó? ¿Esa penitencia que tan injusta les parecía, los juegos en el patio, los códigos que sólo ustedes manejaban, las travesuras que tanta planificación requerían, las escapadas a la huerta? Entre tantas otras cosas que podemos seguir nombrando.

Se llevan además algo tangible e invaluable, como lo es la amistad que han sabido crear y fortalecer particularmente en estos dos años. Pero también dejan; sí, dejan en cada uno de quiénes hemos compartido este camino, una huella imborrable, pues los maestros no sólo les enseñamos, sino que también aprendemos de ustedes.

Por ello, sientan plena felicidad por todo lo que lograron en la escuela y además por todo lo que les espera por delante. Vayan con los brazos abiertos persiguiendo sus sueños, disfrutando de todo lo que la vida les tiene preparado y levantándose también en los tropiezos, porque de eso se trata crecer. Sepan reconocer la felicidad en el transitar del camino, en las pequeñas cosas que irán consiguiendo día a día.

Quisiera compartir con ustedes un microrelato de Eduardo Galeano titulado “El Mundo”

“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.

Es el deseo de todos nosotros que sigan siendo siempre esos fuegos encendidos, ardientes, únicos y que todos los días continúen haciendo crecer su propia llama, contagiando a quienes nos acerquemos: alegría, solidaridad, sinceridad, ganas, fuerza, esperanza, entusiasmo. ¡Ardan la vida! ¡Disfruten, sean felices y no se cansen de perseguir sus sueños!
Todos los éxitos en la nueva etapa que comienzan y no olviden que siempre podrán contar con todos nosotros.
¡Hasta siempre!

Maestra Guadalupe Rameau Ayala

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